La evolución del concepto de Vinyasa en el Yoga Iyengar®: Secuencias dinámicas de acción

 

 

Si hay algo innegable en la obra de Yogacharya Sri B.K.S. Iyengar (1918-2014) es su universalidad.

Reconocido mundialmente como el gran Maestro del Yoga contemporáneo, a lo largo de casi ochenta años de estudio y práctica, desarrolló sus propios métodos y técnicas en Yogasanas y Pranayamas y siguió su luz interior al interpretar la filosofía de Patañjali, hasta construir un sistema, que alcanzó en él su cumbre y se hace eco en las voces de la mayor parte de los profesores de Yoga del siglo XXI.

Sin embargo, su enseñanza sobrevivirá parcialmente si sólo se transmite de ella la forma externa, en tanto que su profundo significado, su esencia, se pierde.

Incluso la esencia de su conocimiento de los aspectos más formales del Yoga, Asana y Pranayama, tendrá un futuro incierto sin la comprensión de su lógica interna y de su origen, sin el conocimiento de la motivación que presidió su reelaboración.

Conociendo sus raíces, descubriremos su esencia, su razón de ser.

Con fidelidad a su enseñanza y reverencia al Maestro os presento una secuencia de tres clases bajo el título:

 

La evolución del concepto de Vinyasa en el Yoga Iyengar®

 

Primera Clase (viernes)

Secuencias dinámicas de acción

El arte de secuenciar de manera fluida y progresiva las acciones comunes que existen en las diferentes asanas

 

Yogacharya Sri B.K.S. Iyengar introdujo su innovadora enseñanza en el Reino Unido y en los Estados Unidos en la década de 1950. Entonces empezó a hablarse de “Yoga practicado a la manera de Iyengar” y al cabo de no mucho tiempo sus alumnos acuñaron el término Yoga Iyengar® para distinguir su interpretación del Yoga, única y genuina, de otras.

Aunque siempre mantuvo que practicaba y enseñaba el Yoga clásico de Patañjali, al comparar el Yoga Iyengar® con el Astanga Yoga de Patañjali cualquiera puede ver de inmediato el papel especial que asana y pranayama desempeñan en el Yoga Iyengar® y quienes lo han practicado saben el énfasis que se pone en este sistema en la instrucción intensiva de estos dos aspectos, para desarrollar la observación y la penetración interior y para encontrar la integridad del Yoga de Patañjali.

Su sistema, elaborado a partir de su propia experiencia, supuso un avance revolucionario en la forma de practicar y enseñar el Yoga, pero hunde sus raíces en la tradición, recibida de su maestro.

En 1934, con dieciséis años, fue iniciado en la ciencia del Yoga por Sri Tirumalai Krishnamacharya, erudito, con mucho talento y grandes dotes físicas, una autoridad en las escrituras y un maestro muy exigente, que le instruyó en la práctica de asanas a la manera Vinyasa: una forma de colocar las posturas en orden secuencial, realizándolas en rápida sucesión.

Guruji recibió de su Guru únicamente seriedad, disciplina y capacidad para trabajar sin descanso. Durante los dos años que estuvo con él en Mysore, Krishnamacharya apenas le alentó a practicar y no le explicó los principios o las sutilezas del Yoga. En todo ese tiempo, no dedicó más de cuarenta días a enseñarle y nunca le explicó cómo evitar o aliviar el terrible dolor que sufría mientras intentaba dominar las posturas, que le pedía que ejecutase de forma instantánea. Pero Krishnamacharya plantó la semilla del Yoga en su interior, que habría de crecer hasta hacerse un gigantesco árbol. Por ello, Guruji siempre lo consideró su Guru.

Aunque el joven Iyengar pronto supo ir despojándose de las pocas influencias que podían condicionarle, su enseñanza en las décadas de los años 1930 y 1940 estuvo influida por lo que había aprendido con Krishnamacharya y, aún después de desarrollar su propia metodología, continuó utilizando las secuencias dinámicas de asanas en sus demostraciones, en la clase de los niños y, de forma esporádica, en sus clases generales.

Al ser preguntado cómo valoraba su enseñanza comparada con la de Krishnamacharya, Guruji solía responder que su forma de practicar y enseñar asanas, que había ido evolucionando desde la década de los 50, suponía ciertamente una mejora en relación a la de su Guru.

En lugar de limitarse a practicar y enseñar lo aprendido con Krishnamacharya, empezó a explorar su cuerpo interno y a explicar a sus alumnos el arte de la observación interior y la interpenetración mientras practicaban las secuencias dinámicas de asanas, transformando y enriqueciendo de este modo el concepto de Vinyasa, que en su genuina reelaboración pasó a ser un método secuencial de disposición adecuada de las posturas, de modo que pudiesen generar los cambios esperados en el cuerpo y en la mente.

Cuando Geeta S. Iyengar, que también conoció, por propia experiencia, el modo de enseñar asanas de Krishnamacharya, lo comparaba con la aproximación de su padre, ella encontraba la diferencia más radical en la falta de una secuencia lógica en la enseñanza de Krishnamacharya. Según ella, fue obra de su padre el introducir la apropiada conexión de los movimientos y las acciones de las posturas de acuerdo a su estructura anatómica, a su funcionamiento fisiológico y a su efecto psicológico.

En efecto, las imágenes que se conservan de la práctica de Guruji en 1938, fiel documento de lo que Krishnamacharya le había enseñado, muestran una secuencia ilógica de asanas, que no están en absoluto interconectadas desde un punto de vista anatómico y fisiológico.

Krishnamacharya le enseño que las posturas debían practicarse con movimientos rápidos, Guruji fue aún más lejos al desarrollar la conexión adecuada entre ellas y establecer que

Vinyasa no es sólo fluir con el ritmo, o la respiración, de una postura a otra. El ritmo está ahí, la respiración está ahí, pero debe comprenderse cómo activar el cuerpo para ir a la siguiente postura.

A la explicación de esta evolución, que no tiene precedente, dedicaré la primera clase que impartiré en la Gran Canaria Yoga Conference el 12 de junio de 2020, abierta a practicantes de Yoga, en general, y en la que os animo a participar.

¡No te despistes!

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